sábado, 9 de mayo de 2009

Ana Karenina, L.N. Tolstoi


Novela de valor incalculable. En el momento del final, cuando se cierra el libro, uno siente que ha coronado un ocho mil. Es difícil de explicar lo que se siente ahí arriba. Las virtudes de esta novela son tan numerosas que uno duda que puedan ser conscientes. La trama es básica, incluso predecible a veces, pero en las 600 páginas de la edición que conservo la tensión no decae. Explicar a qué se debe es tan sólo una quimera.

Ana Karenina se publicó por entregas en “El mensajero ruso”, y apareció editada a finales de 1877, el año que nació Herman Hesse. A punto estuvo Tolstoi de no terminar el proyecto. Él mismo tenía dudas, y, además, había problemas con la historia: muchos la consiredaban indecente. Que la podamos leer ahora se lo debemos a Sofia Andreevna, la mujer de Tolstoi, y también a un número indeterminado de rusos anónimos que periódicamente agotaba las tiradas de la citada revista.

La historia presenta tres frentes abiertos: el conjunto de Stepan Arkadievich, el de Levin y el de Ana Karenina. Los elementos de cada conjunto, excepto el que les da nombre, pueden pasar de un grupo a otro. Dichos conjuntos se intersectan, se solapan parcialmente a lo largo de la novela. Este efecto es más acusado hacia el final, donde la confusión llega a ser total y todos pertenecen a todos. En algún momento Tolstoi pensó en estos círculos, quizá los dibujó y puso los nombres de los personajes dentro a medida que los iba inventando. Quizá en el mismo momento el matemático más grande de todos los tiempos, Georg Cantor, pensaba y daba al Hombre su Teoría de Conjuntos.

Pocos libros hay que manejen el tiempo como lo hace Tolstoi aquí. Los capítulos de cada parte (8 en total) son cortos, lo que da mayor fluidez a la novela. Se da por sentado que, hasta cierto punto, el personaje de Levin tiene mucho que ver con el que fue alguna vez Tolstoi, pero Levin no es vegetariano.

El capítulo más extraño, el que me parece más dudoso, es el que contiene el desenlace de Ana Karenina (el séptimo). Tolstoi nos obliga a reinterpretar toda la actitud de su protagonista. El octavo es una marcha militar de un ejército victorioso: los personajes.

El conjunto de la novela es un portento. La credibilidad de estos seres que crea Tolstoi, la dosificación de las descripciones, el manejo del antes y el después, provocan que el lector sea un personaje más. Sí, pero esta vez con la metáfora reducida a la mínima expresión.

Si el libro tiene algún inconveniente es éste: uno no sabe dónde dejar después las raquetas, las cuerdas, los picos, la botella de oxígeno…

Dostoyevski escribió: "Ana Karenina es una obra de arte perfecta". ¡Qué grande Dostoyevski!

3 comentarios:

El blog de Mila dijo...

Ana Kaarenina es mi aignatura pendientes pero de este verano no pasa, y menos después de haber leído tu comentario.

Un beso Iván,

Lourdes Peñalver Herrero dijo...

Vaya a mi que me gusta establecer relaciones a primera vista chocantes, me ha sorprendido gratamente la relación entre Ana Karenina y los ocho miles.
Muy bonito el comentario entran ganas de volverlo a leer.

Ivan dijo...

Gracias Lourdes, la verdad es que lo leí en poco tiempo y muy relajado. Así, son muchos los libros que ganan, pero éste se sale. Lo que más increíble me parece son los personajes: logra darles vida. Tolstoi admiraba mucho a Stendhal, sin embargo los personajes de Stendhal son, a veces, grandes personajes, los de Tolstoi son, en algo que no sé definir, superiores, y mucho, la verdad.
Y bueno, con lo de los ocho miles (se escribe junto?), no me cabe duda. Ana K. es uno de ellos.
Venga Mila a ver si te animas.