jueves, 14 de mayo de 2009

Vida de Apolonio de Tiana, Filóstrato


Julia Domna fue la mujer de Septimio Severo. Había nacido en Siria y era hija de un sumo sacerdote del dios Baal (divinidad solar que pasaría a convertirse, en el Antiguo Testamento, como el principal antagonista de Yahveh, a raíz conquista judía de las de las tierras de Canaán, pues los cananeos también lo adoraban). Fue una mujer de extraordinario peso dentro de Roma, y supo rodearse de una gran cantidad de intelectuales con los que compartía inquietudes. Entre ellos estuvo Filóstrato, y se dice que esta Vida de Apolonio, que él escribió, se la encargó ella.

Filóstrato nos cuenta que transcribe lo que el discípulo más apegado del de Tiana, Damis, escribió una vez. Esas notas cayeron en poder de Julia Domna y fueron entregadas a Filóstrato. Damis fue real, no así Cide Hamete Benengeli, ese hombre ficticio que supo del Quijote antes que Cervantes. Por esta y por otras cosas me juego un libro a que Cervantes se leyó la Vida de Apolonio.

Apolonio fue un hombre cuya vida abarcó, casi, todo el siglo I. Desde muy joven mostró aptitudes para el estudio y se sintió atraído por la filosofía. Era hijo de una familia adinerada, pero dejó a su hermano la herencia que le correspondía y siguió las doctrinas de Pitágoras. Practicó pues el silencio y la abstinencia (Porfirio, poco más tarde, hablaría de estas cosas). Las leyendas atribuyen diversos viajes iniciáticos a Pitágoras. Se dice que visitó Oriente en repetidas ocasiones, que vivió largo tiempo en Egipto y en otros lugares menos claros antes de fundar su propia escuela. Apolonio se propuso hacer lo mismo. Viajó a las tierras indias, donde se hallan los ríos que después serán el Indo. Allí convivió con sabios brahmanes. Remontó el Nilo buscando a los gimnosofistas. Recorrió toda Grecia, pisó varias veces Sicilia, Asiria, y Roma, claro. De todos aprende, todos reconocen su condición de hombre extraordinario. Viaja con discípulos (lo seguían unos pocos), contempla raros animales, se entrevista con extravagantes reyes, ofrece su sabiduría donde quiera que se halle.

Pero también este libro se empeña en vulnerar la lógica del mundo. Para convertir a Apolonio de Tiana en un hombre divino se recurre a turbulencias que se intuyen fantásticas: sanaciones, resurrecciones, exorcismos… Son dudosos elementos de apoyo. Quizá los humanos de entonces preferían estas cosas. En realidad cuando a Apolonio se le pregunta si se considera un dios la respuesta es creíble y sensata: Todos los hombres buenos tienen algo de Dios.

Hay algunas ideas interesantes. La rara facultad de la videncia se considera como un grado más de la sabiduría; el origen del monoteísmo se sitúa en India; el monoteísmo, el politeísmo y la transmigración de las almas pueden aunarse; se anticipa claramente la conocida hipótesis gaia… También puede hallarse placer en algunas citas y razonamientos. Copio estas pocas:

“…los enemigos no odian por lo que uno es públicamente censurado, sino por las ofensas que han sufrido en privado”
“En lo que atañe al poder, obra como un emperador; en lo que atañe a tu persona, como un particular.”
“No tengas por riqueza lo que se almacena, pues ¿en qué es mejor eso que arena reunida de cualquier parte?”
“Los [gobernantes] que hablen griego deben mandar sobre los griegos, y los que hablen latín, sobre los de su misma lengua…”
“Convierte en esclavos a todos los hombres la naturaleza y la ley; la naturaleza de buen grado, la ley, incluso en contra de sus voluntades”.


En fin: libro interesante que fue muy leído en otras épocas y que pude leer gracias al azar de comprarlo al azar. Consta de ocho partes. En la octava hay una especie de reedición del juicio a Sócrates. Excepto en el final: Apolonio se salva y deja a Domiciano, emperador entonces, con un palmo de narices. Domiciano era hijo de Vespasiano, hermano de Tito. Apolonio predijo, como Flavio Josefo, que Vespasiano sería emperador. Flavio Josefo obtuvo privilegios, Apolonio nada quiso. Trató con los mayores y con los menores, y quiso obtener más de estos últimos que de los primeros.

No recuerdo vestigio alguno de cristianismo en este libro, pero hay algunos pasajes similares a los que se narran en los Evangelios. El final, por ejemplo, cuando escapa de Domiciano y se reencuentra con sus amigos, parece inspirado en el reencuentro de Cristo con sus apóstoles después de resucitar. Se podría omitir el tono de duda, por que Filóstrato vivió entre los siglos II-III, y los Evangelios y muchos evangelios (los que no son canónicos pierden la mayúscula) ya circulaban.

Apolonio enseñó a hombres, no fundó nada. Cuando ve la muerte cerca se preocupa por alejar a los discípulos que estaban con él. Aunque se le considera neopitagórico, admiró y quiso vivir de acuerdo a la máxima de Epicuro: “Vive sin que nadie se dé cuenta”. Como no pudo ser, él añadió: “Vive sin que nadie se dé cuenta, pero si no puedes, muere sin que nadie se dé cuenta”.

5 comentarios:

Adolfo Puerta dijo...

Es la primera vez que entro en su blog y me ha sorprendido muy gratamente. Precisamente estoy escribiendo un texto sobre el s I y me ha parecido ingeniosa y precisa la forma de comentar a Filóstrato y Apolonio. Muchas gracias.

Ivan dijo...

Muchas gracias a usted. Suerte en su proyecto. Considere la lectura (difícil) de los textos de Qumran.

Delfin dijo...

Tenemos la costumbre de poner todo en duda...menos que nuestra vida sea una ilusión...nos cuenta aceptar que haya gente excepcional debido a nuestro carácter convencional...

Salvador Muller dijo...

Muchísimas gracias hermano, me encanto la frase final.
Si me puedes dar más información de Apolonio te estaría muy gradecido

Anónimo dijo...

El leer la “Vida de Apolonio de Tiana” de Filóstrato, me despertó mucho interés en este personaje, y después de leer el libro “Apolonio de Tyana”, de GRS Mead, encontré en la Biblioteca Nacional un libro llamado El taumaturgo, de Daniel Cerqueiro, narrado en primera persona del singular en la voz del propio Apolonio. Este libro se concentra en el episodio histórico verídico del viaje a la India del pitagórico Apolonio de Tiana en el siglo I d.C., el cuál originó sus extraordinarios poderes de taumaturgo. Lo recomiendo para entender un poco más su extraordinaria vida. Luis Gandini